La proyección anual de The Rocky Horror Picture Show cada 31 de octubre constituye uno de los rituales cinematográficos más singulares y duraderos de la cultura popular contemporánea. Estrenada en 1975 y dirigida por Jim Sharman, esta película de culto trascendió rápidamente su condición de fracaso comercial inicial para convertirse en un fenómeno global de participación colectiva, impulsado por comunidades que encontraron en ella un espacio de libertad performativa y disidencia estética.
La elección del 31 de octubre —fecha asociada al Halloween anglosajón— no es casual: coincide con la celebración del disfraz, la parodia y la transgresión de identidades, todos elementos centrales del universo camp de The Rocky Horror Picture Show. La obra combina referencias al cine de ciencia ficción y terror de serie B con una estética glam y una narrativa abiertamente queer, invitando al público a romper la cuarta pared mediante cánticos, disfraces, coreografías y réplicas sincronizadas.
Por ello, cada año en distintas ciudades del mundo —desde Nueva York hasta Tokio, de Buenos Aires a Berlín— hasta 8ymedio en Quito, las salas de cine, teatros y espacios culturales reproducen esta tradición, manteniendo viva una forma de resistencia cultural que une generaciones de espectadores bajo la consigna implícita del filme: “Don’t dream it, be it.”
Única función:
The Rocky Horror Picture Show
Jim Sharman, Reino Unido, 1975, 1h 40 min
Presentada en inglés con subtítulos en español
Durante una violenta tormenta, el coche de una pareja se avería. Por ello, deciden refugiarse en un castillo, donde un doctor vive entregado a la fabricación de una especie de Frankenstein.
Funciones:
Viernes 31 de octubre, 19h00, sala 2
Archivo fílmico presentado con carácter educativo y festivo