Encuentro que tus películas están motivadas por un deseo de auto descubrimiento, de encontrar respuestas e indagar sobre tu lugar en el mundo. ¿Cuándo empezaste a pensar en tu última obra, Nosotros, los Wolfs?
Sí, este deseo es un hilo que las ha unido con el tiempo y que, visto a la distancia, parecen un intento permanente de orientación, con ideas que han surgido en momentos en los que no encontraba una respuesta inmediata. Esa ha sido mi brújula. Hasta ahora, solo las artes me han dado ese espacio seguro para expresarlo. Quizá esta motivación venga también de un instinto humano por crear cosas tangibles, para que nuestro paso por el mundo sea más digerible… o, hasta un tanto mágico.
Lo de intentar encontrar mi lugar en el mundo se ha ido desarrollando a partir de una sensación constante de no pertenencia, frente a esas expectativas que el mundo tiene de ti y las que uno mismo proyecta sobre él. Pienso que esta sensación de extrañeza, agudizada con mi migración a Alemania, ha sido un motor importante.
Nosotros, los Wolf nació al descubrir un capítulo olvidado en una biografía alemana reciente sobre nuestro antepasado, el explorador Teodoro Wolf, quien llegó a Quito en 1870 como profesor enviado por la orden jesuita alemana. Cuatro años más tarde abandonó la orden, se instaló en Guayaquil y permaneció en Ecuador un total de 21 años. Dejó un legado de mapas, investigaciones clave para el desarrollo del país y, por supuesto, una numerosa familia de la que descendemos. Hoy en día, calles, escuelas, un islote en Cuicocha, un volcán y una isla en Galápagos llevan su nombre.
Lo curioso de esta biografía alemana era que la familia ecuatoriana no aparecía mencionada en ninguna parte del libro.
Y quería saber: ¿por qué no estamos en su historia? Ese fue el arranque. Pero, más allá de la omisión, lo que me interesaba era explorar la dinámica humana alrededor de este ícono familiar e histórico, y las preguntas que surgen cuando intentas definir tu identidad en un país con un pasado colonial como Ecuador.
Se podría decir que la historia de tu familia encarna la historia de la clase media ecuatoriana que proclama un ancestro europeo (blanco) y que suele opacar e invisibilizar las raíces indígenas que también la conforman. ¿Cómo viviste personalmente el proceso de descubrimiento que plantea la peli?
Mi familia es un escenario en el que se pueden ver reflejadas miles de historias parecidas en Ecuador y en Latinoamérica. Compartimos, por nuestra historia, estructuras sociales muy similares y complejas que generan preguntas recurrentes sobre identidad, pertenencia y memoria. Para mí fue fascinante observar el proceso de cómo se va escribiendo la historia: ¿quién la escribe?, ¿desde qué perspectiva?, ¿y qué tanto de nuestra historia es, en realidad, invención? Durante el rodaje, viví de cerca lo frágil que puede ser la palabra “verdad”.
Lo más difícil, personalmente, fue encontrar el tono adecuado para dar la mala noticia de que, en Alemania, simplemente no existimos. Opté por un acercamiento que se sintiera más como un proceso de aprendizaje compartido: descubrir juntos las luces y las sombras de nuestra historia, sin intención de juzgar, sino de asimilar quiénes somos como familia, como país y como continente. De una forma indirecta, la película se convirtió en un diálogo con los capítulos olvidados en nuestra historia.
Te has convertido en una especie de puente entre los descendientes de Teodoro Wolf en Alemania y Ecuador. ¿Se ha profundizado la relación familiar luego de su estreno?
Desde el rodaje entré en contacto con descendientes que no conocía, tanto en Alemania como en Ecuador, y desde entonces mantenemos un contacto esporádico. Aun así, siguen escribiéndome más personas que quieren ponerse en contacto. Lamentablemente, no me dan las capacidades para abarcar la demanda y contestar como se debería. Casi que necesitaría un “Wolfs Call Center” para lograrlo, considerando que se calculan al menos unos 500 descendientes de Wolf solo en Ecuador. Por ahora, con quien más estoy en contacto es con Ursula, bisnieta de Teodoro Wolf en Alemania.
Hace unos meses vimos la película juntos en una proyección privada, lo cual fue muy emocionante para ambos, y en enero de 2026 compartiremos escenario durante el estreno en salas de cine en Alemania.
Con el estreno de la película en Ecuador se cierra un capítulo con sabor un tanto histórico, ya que tanto allí como en Alemania saldrán a la luz muchas informaciones inéditas, gracias al acceso que tuve a las memorias de Theodoro Wolf. Más allá de la ventaja de conocer ambos lados de la historia, pienso que mi generación se encontraba en el momento preciso para ser un puente con las herramientas necesarias para hablar de aquello que Wolf prefirió olvidar.
Se podría decir que has hecho el camino inverso de tu tatarabuelo Teodoro Wolf pues has elegido vivir en Alemania y has formado una familia allá, como lo has mostrado en tu film En el país de mis hijos. ¿Tu migración a Alemania tiene que ver con esta historia? ¿Te plantearías en algún momento retornar a vivir en Ecuador?
Sí, en parte es como si la historia se hubiera invertido, pero todavía no hay nada que lleve mi nombre en Alemania. Y espero que tampoco se espere algo parecido de mí. La historia de Theodoro Wolf la escuché desde niño, y podría especular que los referentes que te transmite tu familia desde temprano influyen —consciente o inconscientemente— en tus decisiones futuras. Cuando tienes 20 años y quieres saber qué hay más allá, cuando justamente buscas tu lugar en el mundo, Alemania ya aparecía como un punto de partida en ese mar de posibilidades. Pero mi migración a Alemania, en concreto, fue por razones más románticas: siguiendo los pasos del amor. Me fui con visa de estudios, ya que ser tataranieto de Theodoro Wolf no garantiza el pasaporte alemán… y mucho menos el sentido de pertenencia en una cultura desconocida.
Volver a Ecuador dependería un poco de las circunstancias. Hubo un tiempo en que veía una estabilidad algo duradera, al punto de casi intentarlo, pero poco después me di cuenta de que ese ciclo tendría su límite y preferí esperar. Además, después de 25 años en Alemania, uno se acostumbra a cierta estabilidad, seguridad, infraestructura… y a la educación para los niños. En fin, una cierta paz que es lo que uno busca en cualquier lugar del mundo. Pero, quién sabe, tal vez algún día mi amor platónico por Ecuador se convierta en realidad.
¿En qué trabajas actualmente?
Por el momento estoy concentrado en preparar el estreno en salas de cine en Alemania y en desarrollar proyectos tanto documentales como de ficción. Actualmente trabajo en un corto que me hace mucha ilusión: Tales of a Stolen Soul (Relatos de un alma robada). En él propongo un encuentro entre imágenes etnográficas del siglo XIX en Ecuador, pertenecientes a la colección del explorador alemán Alphons Stübel, y habitantes de una comunidad indígena ecuatoriana en la actualidad.
El corto se centra en la perspectiva indígena contemporánea frente a estas imágenes, muchas de las cuales, debido a las prácticas de la época, fueron tomadas sin su consentimiento. Acaba de recibir fondos de producción del fondo de cine de Hamburgo, y espero completar este año el financiamiento para estrenarlo en 2026.
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