Alexis Moreano Banda (Quito, 1971) es artista videasta, realizador de cine experimental, investigador en artes radicado en París, Francia y programador de EUROCINE EC 2025. (foto: Gabriela Denisse)
¿Cómo llegas a ser programador de Eurocine ec 2025?
Empecé a colaborar con Ochoymedio antes incluso de que abra sus puertas, cuando era aún un proyecto a punto de realizarse. A pocos meses de la inauguración de la sala, partí a vivir en Francia, desde donde proseguí mi colaboración escribiendo regularmente artículos y reseñas para el periódico del Ochoymedio (y posteriormente para su página web), o contribuyendo en la organización de muestras y proyectos editoriales, además de dar charlas o conferencias « a la distancia » o durante mis visitas al Ecuador. He tenido pues la suerte de acompañar ciertos tramos del largo recorrido del Ochoymedio, pero mi primer vínculo con el festival Eurocine se dio sólo el año pasado, cuando fui invitado a dar una master class y a hacer la presentación de un par de películas. Fue una edición singular, que se vio perturbada por los incendios que rodearon Quito a la víspera de la inauguración y por los cortes de energía eléctrica que afectaron a todo el país, a pesar de lo cual el festival se realizó, y quedé impresionado por la gran calidad de varias películas que se exhibieron. Sin embargo, me pareció también que la cantidad de películas seleccionadas era demasiado elevada para un evento que se desarrolla en apenas un par de semanas y esencialmente en una sala. Con Mariana Andrade (directora de Ochoymedio) coincidimos en que el momento se anunciaba propicio para darle un giro capaz de re-conectar con el impulso que le dio origen y de proyectarlo hacia adelante con aún más ímpetu. Sin saberlo, estábamos ya hurgando en la idea de los « retornos » que meses más tarde, cuando Mariana me invitó a tomar a cargo la programación, iba a articular este proceso de reformulación del festival y que, de un modo u otro, se refleja en las películas que hemos seleccionado.
¿Cómo son los entretelones de programar el Eurocine? Y qué dificultades has tenido que sortear?
Cuando se aspira a programar películas inéditas o de estreno reciente, como es el caso de Eurocine, lo primero es estar atento a qué películas están a punto terminarse o empezando sus carreras con pre-estrenos en festivales u otros circuitos. Algo de intuición entra en juego en este primer momento, y hasta de prejuicios en el sentido más noble, porque uno tiende a interesarse más por una película realizada por un o una cineasta cuyas obras anteriores conoce que por otras que no te dicen nada en el papel. Pero claro, conforme se empieza a buscar, uno se va encontrando también con películas de las que nada se sabía pero cuya trama parece interesante, o cuyos trailers se ven prometedores, y que terminan con frecuencia siendo las más bellas sorpresas, mientras que unas de las que mucho se esperaba no dan la talla. Esto sólo se puede saber cuando ya has visto las películas, en las copias de visionado que te mandan las distribuidoras. Pero llegar a tener esas copias es ya una primera dificultad real: hay que encontrar quién posee los derechos de distribución en nuestro territorio, contactarlos para saber si la película estará disponible en las fechas del festival y con subtitulado en castellano de requerirse, calcular si los costos de exhibición entran en tu presupuesto, etc.
La segunda dificultad viene cuando ya has visto las películas y toca escoger entre las que consideras que valen la pena mostrar para tener una selección consistente, dejando a veces por fuera a obras muy interesantes pero que por una u otra razón no cuadran en el conjunto. Pero bueno, un festival no puede ser exhaustivo, y en el caso de Eurocine ni siquiera tiene que ser « representativo » de nada (países, lenguas, géneros cinematográficos…); lo importante es que las películas reflejen, sin ilustrarlo, el espíritu general del festival o el carácter que quieres darle a una edición en particular.
¿Qué querías incluir en la muestra, y qué no?
Como decía antes, hay una parte de intuición que guía los primeros pasos, y es sólo viendo las películas que las expectativas iniciales se confirman o invalidan, pero entretanto ya vas viendo cosas, identificando aspectos temáticos o formales que dan cuenta de una suerte de « espíritu del tiempo », o descubriendo por el contrario propuestas audaces, heterodoxas, en franca distinción con todo lo que has podido ver hasta entonces. Nosotros hemos querido armar una programación que dé cuenta de esa diversidad, de esa riqueza, de esa capacidad del cine a comunicar con cuestiones de nuestro tiempo y, a la vez, a desmarcarse de lo consabido, a inquietar nuestra mirada, a presentarnos el mundo bajo una luz distinta. De ahí que, si un criterio ha primado en la selección, es la calidad artística de las películas.
La selección apuesta por miradas a la vida cotidiana, las relaciones humanas, las particularidades culturales, geográficas, de los lugares donde fueron producidas las películas. ¿Estarías de acuerdo?
Eso forma parte de lo que mencionaba más arriba con relación a un « espíritu del tiempo » que pareciera atravesar parte de la selección. Dos consideraciones entran ahí en juego: por una parte, hacer una película es un proceso largo, que puede tomar varios años, y es siempre interesante notar que autores que no se conocen hayan alimentado por tanto tiempo proyectos que inmediatamente hallan una resonancia en otros. Pero por otro lado, uno mismo como programador está quiera que no trabajado por ese « espíritu del tiempo », y sin duda eso influye en la emoción que una u otra película te producen, y es uno quien termina poniéndolas en diálogo al programarlas juntas. Seguramente fue también mi caso, pero ha sido del todo inconsciente. Sea como fuere, es cierto que varias películas de la selección tocan temáticas como las que señalas, a las que yo agregaría otras tres: el fin de la inocencia y la iniciación a la adultez; el arte, la magia y la fantasía como resguardo ante un mundo cada día más hostil; la dificultad de hacer frente a una pérdida irreparable (o, más precisamente, la necesidad de acogerla). Y otro aspecto notable es la importante representación de mujeres en esta selección, ya sea detrás de las cámaras o como personajes centrales de las películas.
¿Qué reflexiones se dan en Europa sobre IA y su incidencia en el medio del cine?
No soy para nada un especialista en la materia, pero pudiera arriesgar un par de impresiones. En primer lugar, es innegable que las IA han logrado unos avances bastante impresionantes desde hace un par de años, y si tal es el caso con los modelos gratuitos, disponibles para cualquiera, es previsible que una industria multimillonaria como la del entretenimiento irá adoptando modelos mucho más performativos, especializados y costosos, y contribuir a su desarrollo. No comparto, sin embargo, ni el entusiasmo ni el catastrofismo que esa perspectiva suscita en alguna gente, al menos no en lo que respecta al futuro del cine. Hasta lo que se ve, los modelos de IA podrían resultar útiles para ciertos aspectos como generar decorados, vestuarios, efectos especiales o simular « figurantes », pero todo esto lo hacían ya las CGI y los fondos verdes, y todavía no parecieran en condición de reemplazar actores, escribir historias originales, imaginar un encuadre o un montaje que porten sentido, al menos no de modo creíble. Su universo es el de la animación, no de la fotografía. Pero el problema no está en que las imágenes generadas por IA todavía se vean artificiales (eso evoluciona cada día y muy pronto nos parecerán totalmente « naturales »); el problema está, por el contrario, en que ya se parecen demasiado a otras imágenes, a esas millones de imágenes preexistentes de las que se nutren para constituirse. Imágenes que hemos visto miles de veces, al punto que ya no cumplen plenamente su función de imagen sino de ilustración, de estereotipo, y a las que cada día se asemejan más. Pero la gente va al cine justamente para ver imágenes distintas, y hasta los públicos de los blockbusters de superhéroes terminan agotándose de ver lo mismo una y otra vez. En suma, creo que el problema está más del lado de la estandarización de las imágenes que de su naturaleza. Por otra parte, es justamente cuando una técnica empieza a desarrollarse, cuando todavía tiene fallas, que es artísticamente más interesante. La película de Radu Jude que presentamos en el festival, Kontinental ’25, está filmado enteramente con un iPhone, aprovechando los defectos de enfoque y de renderización del aparato, y tengo entendido que en su próximo film, que está por salir, hace lo mismo con los modelos de IA.
En esta era de comunicación audiovisual exacerbada, ¿cuál es lugar del cine? ¿Tiene un lugar?
Todo depende de qué entendemos por « cine ». Si de ver películas se trata, parecería que nunca se han visto tantas como en nuestros días y en tantas pantallas distintas: en los smartphones, en las plataformas de streaming, en una tablet barata o en los enormes televisores 8K, y por supuesto todavía en las salas. Por otra parte, hace décadas que las imágenes en movimiento dejaron de ser una exclusividad del cine, y está muy bien así, cada nueva forma o dispositivo acarrea su propia especificidad e irá hallando su propio lenguaje. El cine es uno más entre muchos, y si todavía sobrevive es precisamente porque tiene algo que los demás no, que lo distingue. Sin duda, una gran parte de la producción cinematográfica actual responde a una lógica industrial que busca un rendimiento en múltiples soportes, de ahí que muchas películas se conciben para ser vistas tanto en pantallas minúsculas como en proyecciones gigantescas, en una sola sentada o por fragmentos, poniendo pausa o acelerando, adelantando y retrocediendo a voluntad. Esto repercute en una nivelación por lo bajo, que desconoce la especificidad del cine, las particularidades que lo distinguen de las otras imágenes o « contenidos » con los que comparte pantalla. Una de las principales reside en el hecho de que el cine impone un tipo de visionamiento continuo, ininterrumpido, desde una perspectiva inmóvil, que nos lleva a « penetrar » en las películas, y no sólo asistir a un desfile incesante de imágenes y los sonidos intercambiables propio a la economía del « flujo » que promueven los Youtube, Tiktok, Netflix y compañía. Esto se torna aún más patente con la experiencia del cine en salas, donde la escala, la calidad de las imágenes, la penumbra y el aislamiento sonoro condicionan nuestra sensibilidad para una mejor recepción de las películas. Pero además de esta relación singular con el tiempo, con las imágenes y los sonidos, el cine se distingue también porque el universo que nos propone no se circunscribe a lo que cabe en el encuadre, a lo estrictamente visual o audible, sino que desborda constantemente sus márgenes. Arte del fuera de campo, del montaje, de la elipse, en el cine no solo vemos una película proyectada en una pantalla, la misma para todos los espectadores, sino que proyectamos a la vez en ella nuestros propios deseos, nuestros temores, nuestra idiosincrasia, diferentes de una persona a otra.
¿Qué le dirías al público de Ecuador sobre esta muestra? ¿Qué aspectos puedes resaltar?
Hemos querido hacer una selección relativamente pequeña, privilegiando la calidad artística por sobre toda otra consideración, como señalaba antes. El Eurocine es una oportunidad, rara en nuestro país, para descubrir películas, cineastas e historias diferentes a las que estamos habituados, para exponerse a la sorpresa, para aventurarse en territorios desconocidos. Se tiende a pensar que el cine europeo es más « difícil », más lejano a nuestra sensibilidad, pero estas películas son prueba de lo contrario. Toda película, venga de donde venga, carga consigo una parte de la cultura en la que se produjo, de los gustos y las inquietudes de su época, pero eso no nos ha impedido maravillarnos ante películas canadienses, mexicanas, taiwanesas, etc. Lo importante es que las películas, a fin de cuentas, se dirigen a todo el mundo por igual, quien sea puede verlas, y esto es particularmente el caso en las películas que hemos seleccionado, en las que lo sensorial, las emociones, una sensibilidad humana común ocupan un rol preponderante.

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