Por la señorita Kenton

Dedicado a G, por las películas compartidas.

1.

Y bueno, finalmente estoy cumpliendo el sueño del 51% de ecuatorianos: Yo, la señorita Kenton, abandono el país para siempre. 

Gracias a mis abogados alemanes he logrado ganar en casación el 100% del dinero de mi difunto esposo nacido en El Cajas, bajo el curioso nombre de pila: Nestitor.

Sí queridas amigas, así mismo se llamaba esta criatura de Dios: Nestitor. Un sujeto aburridísimo que odiaba los karaokes y las fiestas, ceñudo, mudo, no hablaba y encima me celaba, y me cuenteaba que hablaba con la virgen.

La próstata se le fundió y se fue para el cementerio.

Pero Nestitor no era del todo malo, con el vimos ‘El diablo se viste a la moda 1’, y nos encantó la música, la clase de AnneHathaway, la ropa tan a la moda.

Cuando le pregunté a Nestitor si me había traicionado, el muy sabido me contestó: »Sí, con Meryl Streep, en el pensamiento pero».

Ay, Nestitor, siempre te vestías tan mal. Con esos zapatos de plataforma para verte más alto, y esos chalecos de lana debajo de esas levitas con parches en los codos. Pero lo peor eran tus camisetas de fútbol en los domingos y ese tatuaje tribal que se veía verde en tu brazo.

Me voy de Ecuador. El sol equinoccial causa cáncer de piel.

Aquí no follo, solo fallo.

Queridas, cambiando de tema, ¿ya vieron ‘El diablo se viste a la moda 2’?

Yo corrí a verla y me la repetiré ahora que llegue a Bristol o quizá me quede unas semanas en Barcelona con el lujurioso de Paco, mi novio calvo, pero más fogoso que un jabalí.

2.

Barcelona. Tarde ventosa. El interior de un café y yo mirando la Barceloneta con actitud de poeta inédita. Cierro los ojos y el mar en mi mente me hace recordar cuando tenía 30 años y aún no había arruinado del todo mi vida. 

El amor y la pasión, son dos sustancias que nos salvan del cáncer o de un derrame cerebral. 

Si hay algo que tiene la cara de Meryl Streep es un conocimiento pleno del amor.

En ‘El diablo se viste a la moda 2’, Meryl (Miranda) es una mujer que vive con un hombre, pero realmente lo ama poco, y quizá eso sea lo que dibuja en su cara una sombra de crueldad o insatisfacción.

El gran amor de Meryl Streep (en la vida real) fue John Cazale, hacían una linda pareja. Pero lamentablemente nunca tuvieron hijos, y esa es una espina que duele en el corazón de Meryl.

Los hijos son el amor sublimado. Los hijos sirven para eso. Para recordar que se amó. Para nada más.

A Cazale (quien hizo de Fredo en El Padrino) le diagnosticaron cáncer de pulmón y murió a los 42 años, dejando viuda a Meryl.

Apenas dos años de amor y de ser pareja, bastaron para que la actriz de Nueva Jersey afirme que ese hombre era el amor de su vida.

Para ‘El Diablo se viste a la moda 2’, Meryl luce una mueca de amargura y de hastío. Quién sabe si el fantasma de John Cazale la mira desde la primera fila. 

¿La vida es una pérdida?

Si el amor se pierde, estamos muertos.

Pero hoy, la moda parece ser, vivir sin amor.

3. 

“Odio apasionadamente la idea de estar a la moda; creo que un artista siempre tiene que estar desfasado con su tiempo”, decía Orson Welles.

Los personajes de ‘El diablo se viste a la moda 2’ están desfasados en un tiempo donde domina el algoritmo, los ‘likes’ y la falta de creatividad.

Sigo aún en Barcelona y mientras me pinto las uñas de los pies y miro por la ventana de mi hotel, pienso en las viejas costumbres inglesas que me dominan.

Soy una mujer de principios y de saludar con un abrazo. Si amo, me entrego. Y la amistad la honro con la lealtad.

Ese también es el paradigma de ‘El diablo se viste a la moda 2’. Lealtad al humanismo, tal como lo quería Leonardo Da Vinci.

Lealtad a la elegancia y la integridad de ser únicos, personales, individuos.

Toda mujer elegante que se precie como tal ama a dos líderes mundiales: Carrie Bradshaw (Sex in the city) y Miranda Priestly (protagonista de ‘El Diablo se viste a la moda 2’, cinta que trae una premisa inolvidable: la inteligencia artificial y los algoritmos nos están dejando sin empleo. Ya no vale la sabiduría, importan las tendencias creadas en las redes. Adiós a la integridad humana, bienvenida una era efímera y despersonalizada.

Ver ‘El Diablo se viste a la moda 2’ es asistir a una elegante galería visual de belleza y ropa que seduce. Pero al mismo tiempo, observar la caída de Occidente, de su ética y estética, detalles que duelen y ese dolor son la sumatoria de muecas y silencios de Miranda.

Valores como la lealtad y la creatividad en tiempos de narcotráfico, IA, redes, ya pasaron de moda.

«La violencia llama a la violencia», fue el contundente mensaje de Meryl Streep contra Donald Trump en los Globos de Oro, 2017. 

Streep se va constituyendo en una voz disidente y su presencia en ‘El diablo se viste a la moda’ no solo es aval de una actuación impecable, sino un símbolo de respeto a la tradición, a ese espíritu clásico que se ha ido diluyendo con tanta ordinariez.

4.

Inglaterra, Bristol, el interior de una cervecería. Finalmente he llegado a mi país. Y me ha pasado lo que temía que iba a suceder. Extraño el caos de Ecuador. Sus noticias cargadas de manipulación y tremendismo. Estar en Ecuador es también divertido. Era como pasear en un safari por África, escopeta en mano.

Claro que mi ciudad inglesa ubicada al suroeste de Inglaterra es tan ordenada como una caja de bombones. Con apenas 494.399 habitantes, nosotros podemos salir a las calles con quietud, sin temor a ser secuestrados. Y nuestros políticos, la mayoría, no tienen complejos edípicos o nexos directos con oscuras amistades.

Aquí, se podría decir que la moda es mirar con certeza el futuro, con seguridad social, educación pública de primera, bibliotecas, museos, salud gratuita para los jubilados de todo el condado.

El arte es una semilla que crece mejor en una sociedad con niños con libros.

Bye, bye Ecuador. 

Extrañaré tanto su apasionada manera de vivir con el diablo del caos, la indiferencia, el egoísmo social.

Por cierto, el loco de Donald ha amenazado con irrumpir en Cuba con su famoso baile del YMCA, de los Village People.

Wow, me digo a mí misma. Imagínate querida Sally, tomando un mojito en Cuba en bikini. Con lujosos resorts y casinos, oyendo Frank Sinatra todo el día.

La moda en el mundo será eso. Un gran resort con la marca Donald Trump.

¿Cuál es la moda en Ecuador?

Me temo que muy velozmente voy olvidando a ese país. Y ese país me olvida a mí.

Nestitor tenía razón cuando me dijo: “Este país es muy chico para ti”.

5.

Suelo acudir a sesiones de acupuntura y luego al volver a casa, me tumbo en el sofá de la sala a mirar largas horas pinturas de Caravaggio. No miro el teléfono. No quiero saber nada del mundo y de cómo se descompone.

La tiranía está de moda. Pequeños seres humanos cuyos traumas mentales son gigantes. Si ellos no logran verse al espejo, nada se puede hacer con esas sombras, como diría Lacan.

En Ecuador recuerdo que la conversación de moda era la cantidad de tiranuelos que brotaban como lombrices de la tierra.

En el Pobre Diablo, una fonda donde servían secos de chivo, un intelectual profesor de sociología, nos explicaba que los ecuatorianos maman el resentimiento colonial desde los primeros meses de biberón.

Nestitor no sabía qué significa la palabra sociología y a menudo la confundía con sicología. 

¿Un día me dijo, “habrán sacapuntas en la feria del libro de Quito? ¿No vistes vos?”. ¡Hablaba horrible! Y ese acentito.

Y toma, elé (como dicen los andinos), encontró una docena de sacapuntas metálicos, baratos y de dos huecos. También compró un cuaderno universitario cuadriculado, y afuera de la feria me invitó un granizado con chochos.

Recuerdos. ¡Los andinos son únicos!

Quito tiene ese encanto de ser un aguijón en la memoria.

Quizá un día, Ecuador se borre del mapa y realmente sea imaginario. Ese día lloraré más que en el sepelio del ignorante Nestitor, que aseguraba dialogar con la virgen, y los domingos se disfrazaba con sus camisetas de fútbol… ¡Qué vulgar!

6.

Miranda Priestly, en ‘El Diablo se viste a la moda 2’,  da un giro en su papel, y abandona tanta tiranía y crueldad mostrada en la primera parte. Los guionistas de esta segunda parte han notado que es absurdo en una sociedad de redes sociales y plataformas, intentar dominarlo todo. No se puede. El algoritmo se salió de control.

Hoy en día los capitales son móviles y la Inteligencia Artificial lo perfecciona todo.

Paco, mi novio español, por ejemplo, siempre le anda preguntando: ¿Cómo debo satisfacer a mi amada señorita Kenton? 

La IA le suele responder: satisfacer a una mujer es imposible. Ja. ¡Idiota! 

En la película ‘El Diablo se viste a la moda 2’ Miranda es una testigo devastada de una época donde las manos humanas y las creatividades individuales van de retirada. Pedí una copa de vino en Madrid, antes de venir a Inglaterra, y me repetí en un cine cerca de la Gran Vía, la película de moda.

En tanto Miranda salía en cámaras bella y relumbrante, glamurosa, y su cabello platinado con ese cerquillo volado a un lado, recordaba los ‘Cuadernos de notas’ que llevaba Leonardo Da Vinci en el siglo XV-XVI, una sensible bitácora en donde ponía en relieve la mano, el ojo, el cuerpo, la piel, los sentidos humanos, como mediadores del arte, de la vida y de la pasión.

Las plataformas y demás rudimentos de hoy, nos están asesinando en vida. 

Ya no somos cuerpos, somos troles.

Ya no somos estadistas, demócratas y libres pensadores, de golpe ahora somos nacionalistas criminales o simplemente somos avatars, emojis, fotos filtreadas de Instagram.

Tampoco hay sociedad como tal. Mayo del 68 sería imposible. En las calles ya no hay seres humanos. Murió la rebeldía. Vivan el scroll a las pantallas. Ya la moda y el arte pasaron de moda.

Y Miranda, sabe que su tiempo ya pasó.

Mujer que no guste de ‘El diablo se viste a la moda 2’, seguramente no ha sentido el placer de torturarse los pies con unos tacones Jimmy Choo o Christian Louboutin.

Querida, si no sabes de estas marcas, lo tuyo es las peñas culturales con guayusa o las discusiones sobre Simone de Beauvoir.

Nunca me cayó bien esa anciana ni el ciego Sartre.

En un mundo donde la Inteligencia Artificial amodorra las cabezas y los pequeños imitadores de Hitler dan rienda suelta sus infancias con carencias maternas, ¿que nos queda queridas?

Pues correr a ver ‘El diablo se viste a la moda 2’  antes del toque de queda. Y, por otra parte, el mágico ‘Satisfyer Pro Penguin Next Generation’, un potente succionador de clítoris equipado con tecnología de ondas de presión para orgasmos múltiples e intensos, un juguete sexual perfecto y que se puede comprar en línea con todo tipo de tarjeta de crédito. 

Me asalta una duda, ¿el origen de la prepotencia será horas incompletas de lactancia?

Bye, darlings. Me espera una vida de jubilada en Inglaterra. Les daré noticias.

*La señorita Kenton es una sencilla ama de llaves, muy responsable y trabajadora, que brindó sus buenos oficios en la mansión Darlington, en Inglaterra, hasta cuando cumplió 50 años. Ahora reside en la ciudad de Nueva York y conoció de cerca el barrio La Floresta de Quito, en un invierno muy lejano y un paseo muy breve. Ochoymedio da la bienvenida a su pluma y augura que sus columnas no sean esporádicas y que nos deleite con su buen gusto.

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