
Mariana Andrade
directora de Ochoymedio
“… Veinticinco años de cine, comunidad y resistencia: un viaje que comenzó en La Floresta y que todavía seguimos navegando.”
Hace veinticinco años, mientras las salas de cine abandonaban los barrios para instalarse cómodamente en los centros comerciales, nosotros decidimos hacer exactamente lo contrario: abrir un pequeño cine independiente en La Floresta.
No parecía una decisión empresarial particularmente sensata. Vista desde 2026, sigue sin parecérnoslo. Pero teníamos entusiasmo, películas que queríamos ver y la peligrosa convicción de que Quito necesitaba otro cine. Con eso y una saludable ignorancia sobre todo lo que podía salir mal, abrimos 8ymedio en septiembre de 2001.
No sabíamos que comenzábamos nuestra propia odisea.
Homero necesitó diez años para llevar a Ulises de regreso a Ítaca. Nosotros llevamos veinticinco y todavía no sabemos exactamente dónde queda la nuestra. Evidentemente, no somos buenos con los mapas.

En el camino atravesamos crisis económicas, políticas y tecnológicas, terremotos, levantamientos, una pandemia que cerró las salas y varios anuncios sobre la muerte definitiva del cine. Hay que reconocer que quienes anuncian nuestra desaparición han sido perseverantes. Nosotros también.
Por eso resulta casi sospechosamente perfecta la coincidencia de llegar a los veinticinco años mientras Christopher Nolan vuelve a Homero con «La Odisea» y consigue que el público hable otra vez de salas, pantallas, celuloide y de esa antigua costumbre de sentarse junto a desconocidos a mirar una película.
Nuestro señor proyector de 35 mm, que llegó a 8ymedio en 2001 y soportó estoicamente que lo declararan obsoleto durante años, ha decidido no hacer comentarios. A estas alturas tiene derecho a mirarnos con cierta superioridad. Él nunca dudó. Nosotros sí. Bastantes veces.
En estos veinticinco años proyectamos miles de películas. Algunas llenaron las salas; otras tuvieron una relación bastante más íntima con sus espectadores. Hubo funciones tan íntimas que conocíamos por su nombre a casi todo el público: magnífico para formar comunidad, aunque bastante menos interesante para la taquilla.

Estrenamos cine ecuatoriano, vimos aparecer nuevas generaciones de cineastas, hicimos festivales, produjimos películas y construimos algo que nunca estuvo en el proyecto inicial: una comunidad. Mantener una sala independiente ha significado conseguir películas, reparar proyectores, pagar cuentas, sobrevivir a las crisis y volver a abrir la puerta al día siguiente, rara vez con todos los problemas resueltos al mismo tiempo.
Y así llegamos a los veinticinco, contra algún que otro pronóstico razonable. Pero no queremos celebrarlos convirtiéndonos en nuestro propio museo. En septiembre presentamos una nueva edición de Eurocine y terminaremos el año regresando a la producción con nuevos proyectos, entre ellos «Felina», una serie de animación para adultos. Después de veinticinco años, todavía tenemos películas que queremos mostrar, historias que queremos producir y problemas nuevos en los que meternos.
Eso, curiosamente, me tranquiliza.
Cavafis decía que, al emprender el viaje hacia Ítaca, había que pedir que el camino fuera largo. El nuestro ha cumplido generosamente con la recomendación. Francamente, pudo haber sido un poco más específico.
Tal vez Ítaca nunca fueron los veinticinco años. Quizá fueron las películas, las personas y todo lo que construimos durante el viaje. O quizá siga más adelante. No lo sabemos.
Durante mucho tiempo creímos que nuestra tarea era sostener 8ymedio y conseguir que sobreviviera a cada nueva tormenta. Veinticinco años después, sospecho que nos atribuimos demasiado mérito: entre nuestras buenas decisiones, nuestros errores y una terquedad bastante poco aconsejable, 8ymedio consiguió también sostenernos a nosotros.
Así que seguiremos navegando. Después de veinticinco años buscando Ítaca, sería bastante ridículo pretender ahora que sabemos dónde queda.