EN ESTA ERA DE CAMBIOS VERTIGINOSOS PREGUNTAMOS A AMIGOS CINEASTAS E INVESTIGADORES SI CREEN QUE EL CINE SE PUEDE CAMBIAR DESDE ADENTRO. AQUÍ SUS RESPUESTAS:

María Fernanda Restrepo, documentalista, activista por los Derechos Humanos:

Hola… soy bien bruta no cacho la pregunta jajajaja

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Carolina Romero, investigadora en cine:
Sí, el cine puede cambiar el cine porque mientras  existan historias y muchas  maneras de narrarlas, el cine se reinventa. Lo importante es que existan diversas maneras de contar las historias a nivel cinematográfico y narrativo. Creo que cuando los y las cineastas hacen historias bajo un sólo esquema narrativo como una fórmula que se repite, el cine se vuelve aburrido y predecible. Quizá en nuestro caso, por ejemplo, sería importante preguntarnos cómo contar historias cinematográficamente con los volcanes y la geografía de la que somos parte. Leí un artículo de Mariano Llinás que hablaba de esto. ¿Qué relación tienen los cuerpos con el volcán? 🌋 Esto es algo que nos atraviesa y que ha sido muy poco explorado en el cine ecuatoriano.

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Ana Cristina Franco, realizadora, escritora

El cine-o al menos el cine que a mi me interesa- no solo puede, sino que debería cambiar el cine. Hacer una película es expresar una sensación y una mirada a través de herramientas audiovisuales. Si se quiere profundizar en el lenguaje habría que considerar a estas “herramientas” como piezas activas y no dispositivos pasivos. La materialidad a través de la cuál se expresa el arte es parte esencial de cualquier búsqueda estética. Forma y contenido no son cosas separadas. La una depende de la otra. Las grandes películas son precisamente las que han transgredido/cuestionado/interpelado el lenguaje cinematográfico. Las grandes películas no se limitan a “contar una historia”. Una buena película va mucho más allá de su argumento. También plantea sensaciones y problemáticas a través de los formatos. Los planos secuencia de Hitchcock, las escenas domésticas e íntimas de Akerman, la mirada a cámara de Antoine Doinel en los 400 golpes, la voz en off que le habla al espectador en las películas de Godard… son solo unos cuantos ejemplos de películas que han abierto nuevas posibilidades de profundizar en los formatos, jugando y probando con los límites de la cinematografía. 

Por otro lado, hay un género para aquel cine cuya temática es el cine mismo: el cine dentro del cine. Pienso en , Adaptation, Barton Fink, Stardust Memories, entre otras. 

Mi ópera prima Romanticismo y fracaso, todavía en postproducción- trata de las dinámicas complejas por las que hay que atravesar como mujer se quiere hacer una película en un país como este, en un tiempo como este, y en un medio como este. Cuando una película muestra cómo se hace una película, obliga a pensar en las herramientas y convenciones del cine mismo, reflejando los complejos y dificultades que tenemos para retratarnos como sociedad, y por ende, como individuos. 

Creo que el cine debería ser capaz de cambiar el cine en la medida en que se trata de un lenguaje en constante transformación. Hay vida cuando hay movimiento, y el cine es, en principio, imagen en movimiento. Para que el cine siga existiendo debe moverse, y por ende, transformarse, pensarse a sí mismo.

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Wilma Granda, investigadora, archivadora

Mi soporte subjetivo y objetivo para esta pregunta: ¿Puede el cine cambiar el cine?…  Tendría que ver con que ante una imagen simultáneamente grandilocuente y desvalorizada de uno mismo, de nuestro cine y de nuestra música, deberíamos hacer pedagogía y ganar aliados. Para que trabajar en el cine, en la música y en sus archivos no siga siendo un auto castigo existencial sino que estemos dispuestos a asumir las transformaciones tecnológicas que ocurren a velocidad del rayo y no lleguemos a mirar cómo se desvanece el cuerpo físico de nuestras canciones, nuestras películas y nuestros futuros tesoros de archivo.  Asunto que hay que entenderlo colectivamente, desde cabezas múltiples y diversas maneras. Y, sobre todo, deteniéndose a reflexionar políticamente, por ejemplo, cómo afrontar la digitalización para que no sea solo una cuestión de números, sino que tenga que ver con formas de pensamiento y alternativas para que los archivos pequeños de países dependientes, como los nuestros, no desaparezcan. Bregar para que ellos, memoria social y memoria viva, sean posibles para todos, como un derecho al no olvido. 

Hay que hablar sobre lo no dicho que oculta todo archivo y que generalmente es un atentado contra el más débil. Hay que hacer hablar al archivo, se pregona nuevamente, para que la realidad no nos deje dolorosamente claro que falta mucho por cambiar. Incluso nuestro cine.

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Cristina Moreno G

Programadora de la Cinemateca Nacional y de la Red de Cineclubes Ecuador. 

Le doy vueltas a la cabeza pensando una y otra vez sobre esta pregunta, el solo hecho de hablar sobre cine me entusiasma, descubrí mi fascinación hipnótica por el cine hace muchos años, en aquel entonces, la sala oscura se convirtió en mi refugio, mi guía.   Me ayudó a descubrir mis sentimientos y aspiraciones, me acercó a mis fantasmas y a los incomprensibles secretos del mundo. 

Aspiro no enredarme al responder la pregunta planteada por Miguel: ¿Puede el cine cambiar el cine? el cine asociado con la libertad, la imaginación, la creatividad, al ser una manifestación artística y estética está en constante cambio ya que incorpora en sus relatos, cuestionamientos de la compleja realidad.  En ese sentido, por supuesto que el cine puede cambiar el cine ya que el quehacer cinematográfico es un arte vivo que deleita, está en perpetua evolución, responde a una época, a una cultura, a un momento histórico. El cine actual no es el mismo de hace 10 o 20 años, las formas de narrar han ido adoptando otros recursos creativos, los cambios culturales que van de la mano con las tecnologías han modificado nuestras conductas, sensibilidades y percepciones. 

Con las tecnologías, los pilares elementales de nuestra percepción como el tiempo, el espacio o el propio yo dejaron de ser sitiales seguros.  El cine de hoy en día refleja esa incertidumbre, esa discontinuidad. Por ello, el cine, crea nuevos modos de pensamiento, capacidades reflexivas, ordena nuestros complejos imaginarios, acota entre sus relatos la realidad, los personajes, los destinos.

El cine tiene su propia vida, su ritmo, sus ensoñaciones, otorga libertad a la imaginación, compone diversas variaciones sobre la realidad, la modifica una y mil veces, al aplicar un caleidoscopio sobre la vida, teje ficciones que se relacionan con la manera de pensar y de vivir de una sociedad.  La magia del cine – materia de los sueños- se empeña en atrapar el tiempo, ese tiempo que cobra vida alrededor de los espectadores, un remolino que nos permite contemplar otras miradas, otras historias. 

Así, en esas salas oscuras encontré esa magia que derrama una luz probablemente fantasmal, esa luz nos atraviesa y permanece en nosotros, nos cuestiona, esa luz es el reflejo de múltiples miradas.    

Change starts with a camera:

«CUALQUIER PELÍCULA QUE DIGA QUE LAS COSAS PUEDEN CAMBIARSE, VALE LAPENA DE SER FILMADA»

  • WIM WENDERS

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