Por Daniela Merino Traversari
Esta cinta es una celebración a la vida. Un poema para aquellos que no les basta con sobrevivir, sino que viven para el amor, para la belleza, para el poder evocativo de la música, la cual es capaz de sanar todas las heridas. Saul y Ruby son los protagonistas de este film documental que nos conmueve hasta las fibras más profundas y que nos muestra el otro lado del holocausto nazi:  la luz que nace de la oscuridad más profunda.
Saul y Ruby crecen en Polonia, emigran a Nueva York y se jubilan en Florida como muchos otros judíos sobrevivientes del holocausto. Saul trabaja en construcción y Ruby como asistente en una peluquería y músico profesional. Su amor por la música los lleva a formar una banda ya pasados sus ochenta años. En el ocaso de sus vidas, experimentan un nuevo comienzo. A través de sus instrumentos musicales, de sus melodías y del público al que logran cautivar, transmiten la efervescencia y la frescura de lo inesperado y sorpresivo de la vida, a pesar de las pérdidas y del despiadado paso de los años. Su gran objetivo y ardiente deseo como banda musical es conmemorar a las seis millones de víctimas del holocausto con un viaje a Auschwitz. Entonces los acompañamos, junto a Chana (la hija de Ruby que también forma parte de la banda), a presentaciones para levantar fondos en sinagogas, bibliotecas públicas, centros comerciales, cines y teatros por varias ciudades de Estados Unidos y Canadá.   
A través de fuertes imágenes de archivo conocemos la infancia de Saul y Ruby en Polonia.  Vemos los lugares donde crecieron. Sentimos su nostalgia. La memoria íntima de sus historias se revelan como pequeñas películas dentro del documental y se sostienen como historias paralelas, distintas pero semejantes. Sin embargo, asumir que este es uno más de aquellos documentales depresivos sobre el holocausto, sería un gran error. Esta es una película que honra los deleites de la vida y el triunfo del amor sobre la muerte. Los personajes son como niños que nos tocan el alma con su ternura, sus gracias, sus gestos inocentes y su gran sensibilidad. Pero sobretodo, Saul y Ruby son dos espíritus indomables que brillan más allá de las desgracias y las injusticias de la historia.  
La visión de Tod Lending, quien hace de director, productor, cinematógrafo y editor de la cinta, es siempre la de mostrar la belleza de la existencia humana a través de sus múltiples contrastes. Estar vivo es confrontar la muerte. La alegría siempre incluye a la tristeza. Y lo trágico y desgarrador de un momento histórico se puede diluir en el amor, en este caso, en el amor a las familias que Saul y Ruby formaron después de la guerra, y en un gran amor por su banda de música, la cual se vuelve razón de su existencia.  Esta es una cinta que nos inspira a vivir la vida con más intensidad, con todo y sus contradicciones, como la viven Saul y Ruby cuando tocan sus instrumentos y cantan frente a un vagón en las vías que conducen a Auschwitz.

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