


La filigrana futbolística que Ecuador mostró en el campeonato mundial del año pasado acaparó una atención superlativa en la población del país. Reflejo de aquello son dos películas recientes, que se suman a la todavía minúscula filmografía sobre el fenómeno de masas. Mete gol gana, de Felipe Terán, sobre la vida y obra del defensa con proyección Ulises de la Cruz (a estrenarse en OCHOYMEDIO y MAAC CINE en diciembre) y Tarjeta roja, de Rodolfo Muñoz, cinta que nos ocupa hoy y que cuenta la compleja representación en los ecuatorianos de su centro-forward más célebre, el “Tin” Delgado, añaden vigor a lo que empezó Pablo Mogrovejo unos años atrás con Ecuador vs. El Resto del Mundo.
Rodolfo Muñoz, periodista conocido en el mundo mediático como el corresponsal de CNN en Ecuador, hace varias reflexiones interesantes en ésta, su primera película documental. ¿Cómo puede ser posible que un ser con semejantes condiciones deportivas y humanas pueda ser tan perseguido y humillado por la dirigencia del fútbol ecuatoriano? ¿En dónde radica la verdadera maestría de este delantero: en los importantes goles marcados, o en la apasionada solidaridad con su pueblo? ¿Porqué el fútbol, con su masivo arrastre cultural, no ha podido menguar el brutal racismo que margina a los negros en el Ecuador? Son preguntas que Tarjeta roja deja en el aire, para que el tiempo y los hechos puedan responderla.
En la cinta, Muñoz realiza un paralelo entre la presencia africana en la formación histórica de la región del valle del Chota, de donde es oriundo Agustín Delgado, y la subida a los cielos del fútbol, y posterior caída del goleador. En los rostros de los niños del Chota, vemos el vestigio de siglos de dominación, y la esperanza única de salir de ella: ser como el “Tin”. En las palabras del dirigente máximo de la Ecuatoriana de Fútbol, Luis Chiriboga Acosta, hay complejo de superioridad y desdén. Las evidencias en su contra –de irrespetar la idea solidaria del “Tin”, de ordenar, en un momento determinado, “blanquear a la selección”– son demasiado fulminantes como para salvarlo y ponerlo al nivel que la historia futbolística del Ecuador ganó los últimos años. En los testimonios de sociólogos y expertos, está la fría voz que nos ubica al centro de todo: el “Tin”, en el otoño de su carrera futbolística, es el más brillante representante de una generación que puso al Ecuador en el mapa del fútbol, a pesar de todas las privaciones económicas, educativas y sanitarias, y de todo un país castigado por el racismo y el canibalismo social y político.
Están, también en la cinta de Muñoz, los goles. Ellos se vuelven, en la narración del documental, una referencia a la escasa alegría del pueblo negro en su vía crucis de miseria. Se abre entonces una dicotomía: no hay sino dos sendas: una de sencillez, construcción y talento –la del “Tin” y sus amigos del Chota–, y otra de prepotencia y dominación –la de Chiriboga Acosta, y con él, de toda una clase política–. En aquel conflicto, está el mejor momento de esta película.