
"CINCO MINUTOS PARA METERME EN SU CABEZA". El arte de Andrés Serrano
Andrés Serrano (Nueva York, 1950) es uno de los más aclamados y controvertidos artistas contemporáneos de su generación. Por las sucesivas series fotográficas que ha producido desde mediados de 1980 –“Bodily Fluids” (1985), “A History of Sex” (1996), “The Interpretation of Dreams” (2001), “America” (2003), entre otras– ha abordado sin tapujos ciertos temas tabú que aún perviven en nuestras sociedades.
Quizá por eso la obra de Andrés Serrano haya sido vista a menudo bajo el prisma de la polémica. De hecho, su nombre saltó a la fama internacional a raíz de la denuncia que los senadores Helms y D’Amato hicieron de su fotografía “Piss Christ” (1987) –un crucifijo inmerso en la orina del propio artista– ante el Senado de los Estados Unidos en 1989, aludiendo que había sido producida con fondos estatales.
De paso por Quito, Serrano nos recibió con gran disposición al diálogo.

Miguel Alvear (MA): ¿Qué te trae a Ecuador?
Andrés Serrano (AS):Tuve que ir a Bogotá a un festival de fotografía y Esteban Mauchí –quien es un buen amigo mío y quien imprime mi trabajo fotográfico desde hace algunos años– es de Ecuador. Le dije a Esteban que quería ir a Colombia para hacer un nuevo trabajo sobre la naturaleza y le pregunté si tenía contactos aquí, gente con haciendas y fincas, y entonces pensé que era una buena idea venir de Colombia a Ecuador para producir mi obra.
MA: ¿Puedes hablarnos de la obra que estás produciendo en Colombia y en Ecuador?
AS: El trabajo trata sobre la naturaleza, la exposición será en febrero pero no me gusta decir mucho antes de una exposición, ni la galería sabe lo que estoy haciendo. Siempre me gusta hacer una serie y después presentarla como una gran sorpresa.
MA: Una buena parte de tu obra tiene vínculos y referencias claras al arte religioso. En Quito hay mucho arte colonial religioso, ¿has encontrado algo interesante?
AS: Sí, siempre me gusta ver arte religioso y también visitar las tiendas de antigüedades. Casi toda mi colección es de España, de Inglaterra o de la Francia del siglo XVII o anterior, pero siempre me gusta dar un vistazo y aquí en Quito también he visitado algunas tiendas de antigüedades. Ayer fui a la iglesia de la Compañía. Maravillosa, impresionante.
MA: ¿Hay algo que viste en especial, que destaca en tu memoria?
AS: Me gustó todo. Pero ocurre que muchas veces no tengo una influencia específica, todo me impresiona y Ecuador me ha dado una buena impresión. La gente es muy amable y he tenido éxito con los contactos necesarios para producir el trabajo que quería hacer.
MA: ¿Te gusta el cine?
AS: Me encanta. Aparte de mis influencias en el arte, como Marcel Duchamp o Pablo Picasso, o hasta Dalí, también me ha influenciado gente como Buñuel y Fellini. Me siento muy cercano al cine, tanto que quisiera dirigir algún día.
MA: ¿Y qué película te gustaría hacer?
AS: Me gustaría hacer una película simple. Que no sea una película de “arte’, sino una película que tenga gran éxito y que sea provocativa, quizás provocativa sexualmente o de algún otro modo, pero que sea una película que le interese al público en general. No es que tenga una historia específica que contar, pero yo puedo trabajar con material de otra persona. Eso es lo que me gustaría. Nunca he hecho una película. Una vez hice un video musical, y me gustar trabajar con otras personas. El director está a cargo pero trabaja con el talento de los otros.
MA: ¿Hay alguna relación entre tus gustos cinematográficos y tu trabajo?
AS: Básicamente encuentro nexos con Luis Buñuel, mi favorito. Como yo, Buñuel evidencia en sus películas un sentido particular de lo sagrado y lo profano. Para mi no existe lo sagrado sin lo profano, se necesitan los dos. Y esta contradicción está presente en mi trabajo y también en el de Buñuel. Aunque a veces parece tener posturas anticatólicas, también se ve que tiene amor por Cristo.
MA: El solía decir algo así como: “Gracias a Dios soy ateo”.
AS: Yo también me siento como un artista religioso, aunque algunas personas crean que mi trabajo es sacrílego. El otro día unos estudiantes en Bogotá me preguntaron acerca de mi relación con la Iglesia y con Cristo y yo les dije que Dios es quien quiere que haga mi trabajo, y por eso es que lo hago, por el poder de Dios.

MA: Pero muchos de tus trabajos han provocado grandes polémicas en grupos religiosos, sobre todo vinculados con la derecha norteamericana. ¿Por qué crees que tu trabajo ha causado reacciones tan fuertes en los Estados Unidos?
AS: Creo que en los Estados Unidos mucha de la gente que ha tenido problemas con mi trabajo practica una forma de cristianismo que es más extremo y conservador. La Iglesia nunca me ha cuestionado, tanto así que he tenido exposiciones en algunas iglesias del mundo. Ahora mismo en Bogotá tuve una exposición en una iglesia muy bonita y también he tenido exposiciones en iglesias de Francia y hasta en Roma.
MA: ¿Qué trabajo mostraste en esas iglesias?
AS: En Bogotá estoy mostrando la serie de fotografías sobre la morgue.
MA: Pero las fotos de la serie “A History of Sex” seguramente no la mostrarías en una iglesia.
No.
MA: En algunos de tus trabajos encuentro –además de las referencias a cierto arte religioso– nexos con el cine o la fotografía de publicidad, ya sea por la iluminación que usas o por tu sentido de “puesta en escena” . Estoy pensando por ejemplo en algunas fotos de la serie “America”, algunas de “A History of Sex”. ¿Tú trabajaste en publicidad?
AS: Sí. Cuando tenía veinte años trabajé en una agencia de publicidad, no sabía si quería ser director de arte o copywriter (redactor de publicidad). Lo que aprendí de esa experiencia es que las imágenes son una cosa, pero también lo son las palabras, los títulos… (son importantes). Siempre me he visto más que como un “fotógrafo”, como un artista conceptual con una cámara, y para mí la diferencia está en que el fotógrafo muchas veces tiene que tomar fotos por una razón específica, ya sea para una publicación, una revista, un periódico, o un retrato, mientras que el artista solo toma fotos cuando le da la gana. Sólo hago trabajos para mí y de vez en cuando para la New York Times Magazine. Me llaman porque les gusta trabajar con artistas que no son solo fotógrafos.
A la serie “America”, la veo como algo narrativo, como parte de alguna historia que empieza con el 11 de Septiembre. Ahí también puede haber una relación con el cine porque tiene un principio, un medio y un final.
MA: ¿Cuándo hiciste esa serie?
AS: Empecé “America” un mes después del 11 de Septiembre.
MA: ¿Cómo te afectó personalmente el ataque?
AS: Luego del ataque percibí en Nueva York una sensación de comunidad. Durante esos días y hasta semanas, yo sentí que todo el mundo era uno, estábamos todos del mismo lado. Hasta los ladrones y los criminales… uno sentía que esa clase de actividad paró porque estábamos en un momento de solidaridad. Para mi era algo personal, tenía que hacer algo sobre el ataque y lo que hice fue definir para mí y para otros lo que es América (Estados Unidos). Es mi visión de América naturalmente, pero creo que muy completa. En “America” retraté a los símbolos del 11-S, (bomberos, azafatas, etc. M.A.) pero también a los ricos, los pobres, los conocidos, los desconocidos, todos.
MA: De alguna manera tu trabajo ha estado en el vórtice de la discusión sobre las políticas culturales en Estados Unidos. Ha sido defendido a rajatabla por unos y atacado ferozmente por otros. Cuando veo tu serie “America”, pienso que es como que quieres “reconciliarte” con el otro lado –el de tus detractores–. ¿Estarías de acuerdo con esa afirmación? Por ahí leí algún crítico que decía que era una obra patriótica.
AS: Yo soy patriota porque defiendo a mi país, pero no soy un “Patriota”. Yo nunca he votado en mi vida, y no lo hago porque no estoy de acuerdo con muchas de las políticas de los Estados Unidos. “America” puede verse como patriótica, pero también fotografié gente en “America” que no son los “ideales” norteamericanos. Retraté a neo-nazis, fotografié al más famoso asesino en serie en la historia de Nueva York (Sam, el del verano de 1977), está en la serie el hombre que dicen que mató a Malcom X. Para mi “America” no solo presenta a los “buenos”, ahí están también los “malos” .
MA: Tu trabajo –desde mi punto de vista– enfatiza el sujeto, la persona. Fotografías sobre todo gente, en estudio, bajo condiciones controladas. Dentro de tus temas recurren el sexo, la muerte, la religión, las culturas "marginales" o alternas.
AS: Sí, aunque esos –el sexo, o la religión o la pobreza– son temas universales, uso el retrato poniendo énfasis en el individuo, para hablar de esos temas.

MA: ¿Siempre trabajas pensando en series en lugar de fotografías aisladas? ¿Cómo llegas a definir una nueva serie?
AS: Sí, desde que empecé a mostrar mi trabajo en galerías, me di cuenta que necesitaba una cantidad de fotos, especialmente para exhibiciones individuales. Ahora cuando hago una obra es para una serie, ya sea para una exposición o para un libro. De vez en cuando hago trabajo para terceros, por encargo. Por ejemplo, hice un trabajo para la New York Times Magazine sobre unas plantas que se llaman Cycads. Aunque son fotos muy lindas –las mostré en Milán en la BnD Gallery– para mi es un proyecto “especial”, pero no lo considero una obra nueva. También tomé fotos a cuarenta y dos actores de La Comedie Francaise en París hace poco. La exposición se vio en la Colection Lambert en Avignon en julio. Esto también fue un "proyecto especial". La obra nueva es el trabajo que yo hago para mi.
MA: Hay algo que me ha llamado siempre la atención de tus fotos y es que los personajes están siempre como en un mismo punto de “inflexión”, o en un punto emocional bien específico. ¿Cómo trabajas con tus sujetos una vez que los conoces? Puedes describirnos el proceso de la foto, desde que conoces al sujeto hasta que lo retratas?
AS: Algunas veces yo ni hablo o conozco a la gente que fotografío hasta el momento en que le voy a tomar la foto. Muchas veces el asistente prepara el equipo y hasta toma la Polaroid (una referencia fotográfica instantánea, M.A). Cuando era joven una vez leí a un fotógrafo que dijo que estuvo como cinco días con Frank Sinatra, que quería conocerlo bien, meterse en el alma de Frank Sinatra, necesitaba tiempo. Yo solo necesito cinco minutos para meterme dentro de la cabeza de esa persona, yo no tengo que conocerle, ni hablarle antes de tomarle fotos. A veces tengo más tiempo, veinte minutos, una hora. Pero no importa tanto cuánto tiempo tenga, muchas veces yo siento que puedo penetrar en la persona y meterme en su cabeza y en ese sentido pienso que mis fotos son a menudo muy sicológicas, porque la gente está pensando en algo. Lo que trato de sacar de ellos no sólo es una buena foto, sino un momento real de cada persona.
MA: En muchas de tus fotos la pose es tan importante como la cara, la luz, etc. ¿Diseñas tus composiciones con anticipación?
AS: Aunque yo tengo mis ideas y fantasías sobre cómo voy a retratar a una persona, yo no sé en realidad la expresión o la "cara" que él o la modelo me va a dar. Muchas veces lo que los modelos hacen en el estudio es mucho más interesante de lo que se me ha ocurrido, porque es real.
MA: Alguna vez vi unas fotos tuyas en Guayaquil.
AS: Sí, me dijeron que los estudiantes conocen mi trabajo, por eso es posible que vuelva en pocas semanas, todo depende de si necesito hacer más fotos para el trabajo (la obra que está produciendo actualmente en Ecuador, M. A.). Ayer fui a la exposición de Andy Warhol (en Quito) y le dije a Irina, mi asistente, “alguna vez yo quiero tener una exposición aquí”.