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Así habló Andy Warhol

Por Rodrigo Fresán
Originalmente publicado el 19 de Septiembre de 2004 en Página 12 de Argentina. Reproducido con autorización.

Se quedaba callado. Contestaba con monosílabos, genialidades lacónicas o largas tiradas sonámbulas. Decía que sí y que no a cualquier cosa. Se hacía eco de Duchamp y de los políticos de cuarta, de Greta Garbo y de los chismosos de la prensa amarilla. Jamás perdía la calma. Leía reportajes ajenos para robar respuestas ingeniosas. Inventó una revista, “Interview”, cuya premisa era reportear celebridades y reproducir las grabaciones al pie de la letra, incluyendo pavadas, lapsus y vacilaciones. Andy Warhol no sólo cambió las reglas del arte contemporáneo; también revolucionó el género periodístico de la entrevista, esa ficción de arena pública donde la gente –se supone– dice lo que piensa.

“Te presento a mi mujer” o “Ésta es Sony, mi esposa”, solía decir Andy Warhol. Y luego señalaba su grabadora portátil japonesa, que siempre estaba a su lado. Grabar, se sabe, era una de las pasiones de Warhol. Su novela “a” (1968) no es otra cosa que la desgrabación textual de horas y horas de cintas donde conversan la fauna y la flora de The Factory. Sus dos libros “de ideología”, “LA filosofía de Andy Warhol (De la A a la B)” –nótense las rotundas mayúsculas del LA en el título de este tractat con formato de autoentrevista– y “POPism: The Warhol Sixties”, así como esa Gran Novela Americana secreta que son los Diarios, fueron construidos sobre la base de conversaciones y grabaciones telefónicas con su asistente y esclava todo-terreno Pat Hackett.

 

“I’ll Be your Mirror: The Selected Andy Warhol Interviews” reúne y ordena las mejores entrevistas –varias de ellas inéditas o rescatadas de las páginas de extintas revistas under, de las que se publican a continuación algunos fragmentos– al androide y replicante más influyente del fin/principio del nuevo milenio. Una vez le preguntaron a Warhol si se sentía parte de la Historia. Warhol, incrédulo, respondió: “No me digas que crees en la Historia...”. Aquí van fragmentos, comentados, de algunas de esas entrevistas.

1962
PREGUNTA: ¿Qué es el Pop Art?
WARHOL: Sí.
P: Buena manera de comenzar una entrevista, ¿no?
W: Sí.
P: ¿Es el Pop Art un comentario satírico sobre el american way of life?
W: No.
P: ¿Qué es lo que el Pop Art intenta afirmar?
W: No lo sé.
P: ¿Qué significan todas esas latas de sopa Campbell’s?
W: Son cosas que tenía yo cuando era chico.
P: ¿Qué significa para usted la Coca-Cola?
W: Pop.

En sus entrevistas, Warhol desaparece hasta que, invisible, ha invadido todo el espacio disponible. Warhol dice poco o nada. Y sin embargo es una de las personas más citadas del siglo XX. Ejemplo pertinente: “Un artista es una persona que produce cosas que la gente no necesita, pero que –por alguna razón– piensa que está bien proporcionárselas a los demás”. Nada. Pero mucho.

1963
PREGUNTA: ¿De qué trata el Pop Art?
WARHOL: El Pop Art trata de las cosas que te gustan. Yo creo que todo tendría que gustarle a todo el mundo. Que te guste todo es un poco como ser una máquina. Hacer lo mismo una y otra vez.

¿O tal vez Warhol contestaba como un autista las preguntas que le parecían autísticas? Así, cuando le preguntaban cuál era su relación con Picasso, Warhol respondía la verdad absoluta: “Paloma”.

1965
PREGUNTA: ¿Cuál es su profesión?
WARHOL: Dueño de una fábrica. The Factory.
P: ¿Tiene alguna profesión secreta?
W: Artista comercial.
P: Insisto: ¿tiene alguna profesión secreta?
W: Sí.
P: ¿Cuál?
W: No se me ocurre ninguna ahora.
P: ¿Por qué alguien debería contratarlo?
W: Porque soy confiable.
P: ¿Siente que la sociedad le debe algo?
W: Sí.
P: ¿Es usted humano?
W: No.
P: ¿Por qué contesta las cosas que contesta?
W: Porque soy muy sensible.
P: Si usted fuera estúpido, ¿podría hacer exactamente lo mismo que hace ahora?
W: Sí.
P: ¿Por qué?
W: Porque no soy una persona muy lista.
P: Por favor, cuénteme algo sobre usted.
W: Ya lo he hecho.


Y esto es lo más interesante de todo: las dificultades a la hora de entrevistar a Warhol generaban en los periodistas una necesidad todavía más extrema de arrancarle buenas declaraciones. Warhol disfrutaba de eso y siempre entendió que “la entrevista es el producto en colaboración del entrevistado y el entrevistador... No puede ser algo espontáneo, aunque debe parecerlo. La entrevista es una de las formas de la retórica distinguida por su origen de colaboración”.

1966
PREGUNTA: Lo noto nervioso. No tema.
WARHOL: Bueno, no. No es eso. Es sólo que no puedo, ummmmmm. Estoy resfriado. Y no, uh, puedo, uh, pensar en nada. Sería tan agradable si usted me dijera las respuestas para que yo las repita después de las preguntas. Eso sería lo mejor; porque yo siempre estoy tan vacío que no tengo nada que decir. Siempre he sentido que mis palabras surgen de alguna parte a mis espaldas y no de adentro mío. No quiero acercarme mucho a nada o a nadie. No me gusta tocar las cosas. Por eso mi obra está tan distante de mí mismo. Preferiría ser un misterio. Ser una superficie. Porque así veo yo las cosas. Sólo su superficie... ¡Danny, me parece que algo se está quemando! ¡Danny, lo digo en serio! Ah... hola, Paul.

O Warhol repetía las preguntas para que así, con su voz baja y metálica, el periodista fuera plenamente consciente de la estupidez que acababa de emitir. En los ‘60, Bob Dylan también hizo cosas parecidas. Y en los ‘80, el tono de Warhol es fácilmente detectable en las letras de David Byrne para The Talking Heads o en el humor psico-infantiloide de Pee-Wee.

1967
PREGUNTA: ¿Piensa usted que el Pop Art...
WARHOL: No.
P: ¿Qué?
W: No.
P: ¿Cree usted que el Pop Art...
W: No.

Se sabe que Warhol empezó a utilizar un grabador a mediados de los ‘60, cuando se compró uno de los primeros modelos que funcionaban a casete. Enseguida se puso a grabar las entrevistas que le grababan. Otra vez: calcar y copiar. Como una lata de sopa, como una foto de Marilyn. Grabar todo conversando con Sony: como el agente del FBI, Dale Cooper, en la serie “Twin Peak”s, que le hablaba a su querida y lejana Dasne mientras disfrutaba de una tarta de cerezas y una taza de café.

1968
PREGUNTA: ¿Siente usted que la era de la automatización está llegando mucho más rápido de lo que se pensaba?
WARHOL:Yo siempre he considerado la sustitución del motor de combustión interna por las máquinas automatizadas como un momento muy excitante y un gran logro para la humanidad.
P: Pero, ¿cuál es la esencia de la automatización?
W: No tienes que pensar demasiado.

P: ¿Y qué siente por los 35 mil operarios que recientemente perdieron su trabajo al ser reemplazados por máquinas?
W: No me dan pena. Van a tener más tiempo para descansar.

Sí y no son las dos palabras más importantes en el mundo según Warhol, en el show de Andy. Su manejo y repetición, convertidos en trademarks en los que los obsesivos detectaban múltiples significados según sus inflexiones, no son otra cosa que el resultado de un confeso pánico escénico. Contestar rápido y corto y próxima pregunta y cuanto antes se acabe, mejor. Para sorpresa de Warhol, el truco resultó muy divertido. Así que siguió diciendo sí y diciendo no. Y –al ofrecer y obtener una demostración más que una explicación– todos contentos.

1969
PREGUNTA: ¿Tiene usted alguna teoría sobre el cine?
WARHOL: ¿En serio?
P: Teoría.
W: ¿Uh?
P: Teoría.
W: ¿Mejoría?
P: T-e-o-r-í-a.
W: Oh, ¿teoría?
P: Sí.
W: No.

Warhol no leía libros. Leía entrevistas. Su explicación: “Busco ahí cosas que decir en mis entrevistas”. Tampoco iba mucho al cine, aunque consideraba que Perdidos en la noche era un plagio de su cine y que no le hubiera molestado tener un cameo en El ciudadano Kane. Y buscaba ideas en todas partes. En una de sus biografías se recuerda la escena en que, en algún momento de 1971, Warhol se acerca grabadora en mano a uno de los visitantes de The Factory y, al borde de las lágrimas, le pide una trama, algo, con que hacer una película. El visitante le responde que se podría contar la historia de Evita Perón. Candy Darling, la star transformista de The Factory, podría ser Eva. Un musical. Hasta tiene el título de una canción: “Hay un dictador encantador que vive al sur del Ecuador”. Warhol lo mira casi con asco y le dice: “Eres la única persona que conozco a la que le importa América del Sur”.

1970
PREGUNTA: Alguna vez afirmó que le gustaría ser una máquina.
WARHOL: Es que la vida duele tanto... Si pudiésemos convertirnos en máquinas, todo nos dolería menos. Seríamos más felices si estuviéramos programados para ser felices.
P: ¿Por qué se dedica ahora a hacer películas? ¿Qué ocurrió para que dejara de pintar?
W: Hacer películas es más fácil.
P: ¿Cuál es su rol, su función, al dirigir un film de Warhol?
W: No lo sé. Intento averiguarlo.
P: ¿Cómo aprendió a filmar?
W: Hace cuatro o cinco años me compré una cámara 16 mm y un trípode. Fuimos de viaje a Hollywood. Y eso hizo que pensara en comprarme una cámara. Entonces aprendí a utilizarla. Todavía estoy aprendiendo. Todavía no hemos hecho lo que se dice una película.
P: No entiendo... Entonces, ¿qué es lo que ha venido haciendo hasta ahora?
W: Sólo filmando lo que sucede.
P: ¿Cuándo fue que hizo su primera película o no-película? ¿Cómo las llamaría si no las considera películas?
W: Depende del tiempo que duran: las tengo largas y cortas.
P: ¿Por qué decidió hacer una película que dura ocho horas llamada Dormir sobre un hombre que duerme?
W: Conocía a esta persona que dormía mucho.
P: ¿Durante el día?
W: No, de noche.
P: ¿Pero acaso no lo hacemos todos?
W: No cuando estás rodeado de personas y las luces están encendidas y hay una cámara rodando.
P: Usted ha dicho: “Me gustan las cosas aburridas”. ¿Cómo puede ser aburrido el entretenimiento?
W: Es como cuando te pones a mirar por la ventana. Es algo que disfrutas. Pero no es necesariamente algo divertido. O sí.
P: ¿Por qué? ¿Porque no puedes predecir lo que va a suceder ni si va a suceder algo?
W: Porque te ayuda a pasar el tiempo.
P: ¿Lo dice en serio?
W: Sí. Uno ve todo el tiempo a gente mirando por la ventana. Yo sí la veo.
P: Pero en la mayoría de los casos son personas que se ven obligadas a estar ahí. Un anciano, o un ama de casa que espera que su hijo llegue de la escuela o su marido del trabajo. Y por lo general están aburridos.
W: No, no creo que sea así.
P: ¿Sus películas son entonces un modo de pasar el tiempo?
W: Sí.

En algún momento a Warhol se le ocurrió editar una revista y supo que su nombre sólo podía ser “Interview”, y que las entrevistas que se hicieran para sus páginas deberían tener modales absolutamente verité: la transcripción fiel de las cintas, incluyendo exclamaciones, titubeos y silencios. Truman Capote fue uno de los efímeros colaboradores de la revista; las radiaciones que recibió allí el escritor se hacen evidentes cuando se lee el estilo telegráfico y oral de Música para camaleones.


1987
PREGUNTA: ¿Hay algo que le moleste especialmente?
WARHOL: No. Sí. No. Es decir, no me molesta que la gente robe mis ideas. Pero me pone un poco loco que falsifiquen mis obras y las firmen con mi nombre. No me molesta que las falsifiquen, pero sí me molesta que les pongan mi nombre.

En una de las 37 entrevistas recopiladas en I’ll Be your Mirror, alguien le pregunta a Warhol si piensa que el futuro será “futurístico”. La respuesta es inusualmente larga para alguien muy preocupado por el presente y fallecido en el momento exacto en que este presente empezaba a parecerse demasiado a su atemporal y suspendida visión de las cosas: “No. Siempre deseé que fuera así, pero no lo creo. Supongo que la única manera en que el futuro podría ser futurístico sería si la gente pudiera pasarse la vida sentada, sin hacer nada. De ese modo, las personas tendrían tiempo para pensar en que están vivas sin estarlo y, una vez convencidas de que están muertas pero vivas, bueno, ya no tendrían que hacer nada”.


Warhol –hiperactivo en cámara lenta, dictador amable, seductor de zombies obedientes– dijo aquello de que en el futuro todos serán famosos por quince minutos, entendiendo por fama aquello que “se consigue estando en el sito correcto o en el incorrecto, en el momento exacto o en la peor situación posible”. Por eso, para Warhol, la entrevista ideal –record– no podía durar más de quince minutos. Una mezcla perfecta de lo efímero y lo trascendente.