Entrevista a Mariana Andrade

Por Ana Rosa Valdez

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Ana Rosa Valdez: Recientemente ha circulado la noticia de que Raúl Pérez Torres, actual presidente de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, será el Ministro de Cultura y Patrimonio en el Gobierno del Presidente electo Lenin Moreno. ¿Cuál es tu opinión sobre esta decisión si se confirma?

Mariana Andrade: La noticia no me sorprendió. En diez años de Revolución Ciudadana hemos tenido diez Ministros de Cultura, éste será el onceavo. Aunque ocurra el cambio de mando, para mí significa la misma continuidad de un proceso político que empezó en el 2007, cuando nos crearon la esperanza de que íbamos a tener, por primera vez, un Ministerio de Cultura y que se construiría una Ley Orgánica para el sector. Lenin Moreno no realizó ninguna propuesta clara para el sector cultural durante su campaña, ni una sola. Nunca mencionó la vigencia de la Ley, aunque circuló una pequeña hoja al final, un panfleto, sobre sus planes para Cultura, fue evidente que le dio muy poca importancia al tema. De la gestión de Moreno en la Vicepresidencia, sólo conocemos su proyecto del Circo Social, cuyas carpas están en algún terreno todavía abandonadas a su suerte. Una figura como Raúl Pérez Torres, calza muy bien en esa ambigüedad, en ese No Plan para Cultura. Basta ver su gestión al frente de la Casa de la Cultura Ecuatoriana (CCE) por varios periodos para saber lo que se viene. La CCE se caracterizó, en su administración, por su ineficiencia, sus redes clientelares, por contener una burocracia obesa e inoperante.

¿Qué hizo la Casa de la Cultura en manos de Raúl Pérez Torres -y durante las administraciones que lo antecedieron- por suscitar pensamiento y reflexión en el Ecuador?

Si la CCE desapareciera hoy muy pocos gestores la extrañarían. Igual pasará con el Ministerio de Cultura. Una institución que luego de 10 años de Revolución Ciudadana es débil, ineficiente y, para colmo, sin presupuesto por su incapacidad de ejecutar el mismo por varios años.

ARV: En esta coyuntura ¿cómo valoras las elecciones de la Casa de la Cultura Ecuatoriana realizadas recientemente?

MA: Yo creo que no debieron realizarse. El año pasado se hicieron elecciones igual y se eligió para un período nuevo, una vez más, a Raúl Pérez Torres, a sabiendas que había una Ley a punto de ser aprobada que cambiaba definitivamente el modelo de gestión y su famosa falsa autonomía. Y hasta se posicionaron por cuatro años más. Las elecciones de ahora fueron convocadas en un momento inoportuno, con un padrón dudoso de gestores inscritos y habilitados para votar en el Registro Único de Actores Culturales (RUAC). Había que esperar a saber quien era el nuevo Ministro para entender cómo delimitar la cancha al menos y depurar ese padrón. Si bien el proceso puede haber reforzado la organización interna de los distintos gremios de actores culturales, independientemente de los resultados, era mejor no validar la misma. Los resultados no sorprendieron a nadie.

La CCE ha fracasado en todos los esfuerzos de ser la entidad cultural de facilitación y articulación de la cultura en el Ecuador. No es, ni de lejos, la institución de cohesión y gestión de cultura que está llamada a ser.

¿Porque el Ministerio de Cultura, en manos de quien estuviera al mando de ese modelo de gestión por tantos años, sería diferente si se confirma este nombramiento?

La respuesta se cuenta sola.

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ARV: En los últimos años los artistas y gestores culturales  no sólo ha enfrentado los problemas estructurales del campo cultural, sino que también han alcanzado ciertos logros. Por ejemplo, las convocatorias para el acceso a fondos públicos y la realización de informes de actividades y rendición de cuentas por parte de las instituciones culturales. Teniendo en consideración la gestión de la CCE en los últimos años, ¿correrían peligro estas conquistas bajo la dirección de Pérez Torres en el MCYP?

MA: Si se confirma, lo que podría ocurrir, es que se traslade el mismo modelo de gestión cultural de la Av. Patria y 6 de Diciembre a la Av. Colón y Juan León Mera…

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ARV: ¿Qué repercusiones tendría para el campo de las artes este “traslado”?

M.A. Que se podría repetir lo mismo. ¿Porque habría de cambiar? La CCE en manos de Raúl Pérez Torres no ha sido incluyente con enormes grupos de artistas y gestores, ni ha funcionado con estrategias, políticas ni planificación proactiva. Es conocido por todo el sector que estas prácticas clientelares incluyen el exceso de una burocracia ineficiente, el poco profesionalismo de sus directivos en materias de gestión y organización cultural y, en definitiva, aquellas destrezas que tradicionalmente son las propias de la función pública nacional: el compadrazgo y el conformismo. Por ejemplo, los espacios de infraestructura de la matriz de la Casa de la Cultura no han servido para la articulación, capacitación y promoción de artistas y pensadores, salvo excepciones que han sido gestadas y articuladas por los mismos grupos de profesionales culturales (hace algunos años casi fueron desalojados), quienes con sus propios esfuerzos de autogestión le han dado un uso coherente a esos espacios. Es reconocida la gestión de los espacios independientes como el Frente de Danza Independiente, Mandrágora, El Teatro del Gallo, La Espada de Madera, entre otros, que de alguna manera le han dado visibilidad al trabajo de la CCE, aunque ésta no ha sido capaz de construir una política de fomento para estos espacios.

Nunca he escuchado a Raúl Pérez Torres, desde la presidencia de la CCE, hablar sobre temas importantes para el fomento y desarrollo del sector cultural en su conjunto. Si es elegido ministro, el sector tiene dos opciones: desencanto y desinterés, o pelear. Creo que es más válida la segunda, por eso me estás entrevistando ahora, ¿no?

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ARV: En los últimos años en el campo cultural se ha extendido la desidia, la apatía, el desencanto y la tendencia a pensar en el propio reducto en lugar de actuar organizadamente de manera colectiva. ¿Qué piensas sobre la fragmentación del sector cultural y su relación con la política cultural del Estado?

MA: El campo cultural en el Ecuador es todavía muy inmaduro. Yo tuve la oportunidad de conocer al sector cultural de cerca, porque para entenderlo es necesario pasar por el sector público. Como sector no hemos crecido, seguimos queriendo lo que quisimos desde hace décadas pero que todavía no es posible construirlo de manera colectiva. Hay intentos de agremiación más que antes, sin duda, pero sigue primando los sentimientos de autoexclusión.

La relación con el Estado se da a partir de nuestro conformismo con las denominadas ínfimas cuantías (un tipo de contratación pública que en el 2017 no supera los USD 5.967,02) o aplicar para ganar un fondo. Mientras hayan ínfimas cuantías al sector le importa muy poco quien esté de Ministro de Cultura. Lo digo con mucho dolor, sin ánimo de confrontar, sino más bien de ponernos un espejo al frente. Debería haber un sacudón muy grande en el sector cultural. Que se suspendan todos los fondos posibles desde el estado para pensar la política pública desde nuestras propias miradas y espacios. Salir de nuestro metro cuadrado. Eso no lo veo posible a corto plazo.

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ARV: ¿Por qué?

MA: Porque las ínfimas cuantías son la mejor arma del Gobierno del turno. Así mantienen contentos, tranquilos y silenciados a muchos….

ARV: En estos diez años, el hecho de que muchos actores culturales se hayan convertido en proveedores del Estado ¿es un problema?

Más que un problema se convirtió en un tipo de dependencia enfermiza, no solo porque la gestión cultural debe someterse a las reglas del juego del Sistema Nacional de Contratación Pública, sino porque justamente la falta de diferenciación del trabajo cultural obliga a los gestores a estar inmersos en un sistema perverso de fiscalización, supervisión y administración de sus proyectos culturales. Recuerdo cuando estaba en la Secretaría de Cultura de Quito (tú también estabas en esta época en el CAC) y conocí de cerca cómo funcionaba el sistema de lado y lado. Escuchamos a artistas y gestores quejarse todo el tiempo de la falta de atención del Estado a sus demandas, sin embargo, solo nos bastó revisar el historial de entregas de recursos para confirmar lo contrario. El MCYP debe haber entregado varios millones de dólares en fondos y procesos contractuales a los actores culturales. Por eso creo que, ahora más que nunca, es el momento de convertirnos en actores político-culturales. Debemos pasar de los fondos concursables a procesos de colaboración independientes del Estado. Hasta ahora, son muy pocos los que se han convertido en tales y defienden esos procesos.

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ARV: En cuanto a la localización de la distribución de recursos económicos ¿crees que se hayan entregado mayormente en Quito?

MA: Hubo intentos de descentralizar la entrega de recursos. Pero los famosos “capitales semilla”, que se entregaron por cientos en provincias, fueron inversiones botadas al aire. ¿Qué pertinencia tuvieron esas iniciativas? ¿Se mantuvieron en el tiempo? No. Debió haber una mejor supervisión y seguimiento de estos procesos, pero esto no ocurrió porque era obvio que el Ministerio de Cultura en provincias es una institución mucho más debilitada que en la capital. Si en la capital es lo que es, en las provincias es peor.

Ahora bien, la entrega de recursos mediante el mecanismo de fondos concursables es un problema de doble vía también. No es solo de la institucionalidad del Estado como tal, en este caso el MYCP la que ha fallado, también somos nosotros los gestores culturales y los artistas quienes hemos sido cooptados de tal manera que no nos han permitido crecer y dar un paso adelante en lo que sería una co-gestión con el Estado. En cultura seguimos siendo los “pobres del barrio”, los “refugiados de la tierra”. Esta idea ha sido explotada por Raúl Pérez Torres. En la CCE, se puede ver un show de popstars en sus jardines exteriores; las instalaciones de los Museos convertidos en ferias de ropa de segundo uso mientras las colecciones del Museo Nacional se encuentran embodegadas; se puede asistir al lanzamiento de un producto comercial con botellas inflables dentro de sus salas o a la elección del concurso de estrella de navidad en el Teatro Nacional; se puede apreciar desde una tarima un concierto de pasilleros a la entrada o a bailarines de la Escuela de Danza, que funciona en sus instalaciones también, montando la versión número cien de Blanca Nieves y los 7 enanitos. Sus espacios han perdido el valor simbólico que debían tener hace años por la pésima gestión de su presidente y sus administradores.

¿Puede considerarse a esas actividades desarrollo cultural y fomento desde una institución creada para el efecto? No. Ese modelo de gestión populista, clientelar, ni siquiera paternalista sino oportunista, encaminado a la captación de allegados o devotos, ha primado hasta ahora.

¿Queremos más de lo mismo si se confirma a Raúl Pérez Torres como ministro?

El futuro se cuenta sólo de confirmarse el nombramiento.

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ARV: Desde tu experiencia como gestora en el sector público, privado y en los espacios independientes ¿qué le dirías al sector cultural en esta coyuntura?

MA: Cuando estuvimos en la Secretaría de Cultura de Quito construimos un Plan de Cultura que intentó cambiar profundamente la forma en que estaba estructurado el gobierno local en esta materia. Quienes menos lo entendieron fueron los mismos artistas y gestores. La ciudad y los artistas creen no necesitar un plan de cultura a largo plazo. Mientras esté resuelto su metro cuadrado y su ínfima cuantía, como digo, pueden pasar años de años.

¿Qué hacer ahora? Una de las más tristes herencias que nos dejan estos diez años es la autocensura y el temor a opinar. Muchos se cuidan porque siempre estamos pensando que si decimos algo vamos a perder algo. Hay dos opciones para el Ministerio de Cultura y Patrimonio: se transforma o desaparece. Imaginemos el escenario con la Ley Orgánica de Cultura ya aprobada y con un posible Ministro que no cree en ella, a quien le hemos oído cuestionar la existencia de esa ley, decir que es controladora y censora. ¿Para que mantenemos un Ministerio de Cultura entonces? El sector no puede estar quieto en este momento. El Ministerio se transforma o desaparece. Por eso es de vital importancia quién lo va a dirigir ahora… ¿o tal vez ya no importa?

Mariana Andrade E.

Productora, exhibidora y distribuidora de cine independiente. Gestora cultural de toda la vida Directora Ejecutiva de OCHOYMEDIO, primer complejo de cine independiente en Ecuador desde el 2001 hasta la fecha. Secretaria de Cultura del Municipio de Quito (mayo de 2014, de enero de 2015). Directora ejecutivo de MAAC Cine de Guayaquil y Manta (2003-2013). Vicepresidenta de COPAE (Asociación de productores de Ecuador).

Desde 1990, ha estado produciendo largometrajes como “Entre Marx y una mujer desnuda (Camilo Luzuriaga, 1996), “Sueños en la mitad del mundo”, (coproducción España-Ecuador, Carlos Naranjo, 1998), “Prueba de vida” (Castle Rock producción, Taylor Hackford, 2000), “Blak Mama” (Alvear M. y P. Andrade, 2008). También fue la productora del documental “Más allá del mall” (M. Alvear, 2009) Premio de DOCTV Latinoamérica. Ha sido la productora de 14 documentales de la serie “Memorias del deporte” (Ministerio del Deporte, Alvear M. y otros, 2012-2013). Su trabajo también ha estado vinculado a festivales como “Ecuador bajo tierra”, “Eurocine” y en todos los que OCHOYMEDIO ha producido a lo largo de estos años. Actualmente ha creado la distribuidora 8D, dedicada fundamentalmente a la exhibición de cinematografías periféricas en salas y espacios alternativos de exhibición.

Sus proyectos editoriales, investigaciones y comentarios de crítica de cine y cultura en general, han estado presentes en el periódico de Ochoymedio, publicado desde 2001 hasta el 2012. Ha participado en numerosos festivales de cine y mercados como Berlinale, Cannes, Valdivia, París, Bogotá, Belo Horizonte, Buenos Aires, Bolonia, Cartagena, la Habana, Margarita, Chicago, Santiago, Nueva York, Calcuta, Madrid, entre otros.

Tomado de: http://www.paralaje.xyz/ministerio-de-cultura-se-transforma-o-desaparece-entrevista-a-mariana-andrade/

Foto de portada: Ministerio de Cultura y Patrimonio

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