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Estimado señor Mera

(no puedo llamarlo ”Querido Alex” porque usted no es mi amigo)

Tengo que decirle que no me sorprenden para nada sus declaraciones sobre la vida sexual de las mujeres, el aborto, la familia, los gays y otros temas similares, porque desde hace rato puedo ver los contenidos misóginos, homofóbicos y ultraconservadores del gobierno al que usted representa. Usted lanzo una bomba, como “hombre fuerte” que es, a sabiendas que el tema haría que, indignadas las mujeres de mi patria, saldríamos a defender, ofendidísimas, la violación de nuestros derechos sexuales y reproductivos. Yo a usted lo veo como un búfalo de piel bien curtida, gruesa, inmune e impune, ante cualquier avalancha de criticas como las que debe haber recibido en estos días. Sé que usted esta entrenado para eso, pues ha estado en la milicia de la política por demasiado tiempo. Así que nuestros reclamos a sus declaraciones, le tienen sin cuidado. Sabe perfectamente que las batallas en las redes no llegan al territorio, que a la final, son quienes ponen los votos. Por eso no voy a refutar lo que dijo, porque hasta el Presidente ya le puso en su sitio por hacerlo.

Usted nos quiso distraer con este tema para desviar nuestra atención de los problemas reales que enfrenta nuestro país ahora, por sus decisiones en asuntos legislativos y políticas publicas. Quiso provocar en esa minoría, la misma que según usted quiere legalizar temas como el aborto, el derecho al placer, o la adopción en familias del mismo sexo, reacciones que nos mantuvieran histéricamente ocupadas por bastante rato, mientras otras decisiones se toman al interno de su gobierno. Pero yo no me distraje ni un segundo. Yo como muchas, y usted ya lo sabe, no queremos un papa estado, mucho menos un estado marido, pero usted quiere que salgamos a gritarlo en coro. Usted, señor Mera, me esta queriendo pasar gato por liebre. Actúa y habla con una calibración calculada para levantar la exacta cantidad de polvo y humo que levantó. Las chicas de la Asamblea, en su milimétrica y tibia rebeldía, apoyaron su estrategia. Pero aun en la pretensión, asoma su mascara.

Yo no tengo miedo a ser minoría, señor Mera. Pertenezco a una generación que ha sido minoría siempre, esperando que en algún momento de la historia, aparezca el líder político justo y preciso, que entienda que la Cultura puede transformar y atravesar las políticas públicas, como la de salud por ejemplo. Son minorías las que han provocado cambios profundos a lo largo de la historia, mientras las grandes mayorías muchas veces estuvieron equivocadas. No porque votemos, significa que existe democracia.

Mientras los cambios llegan (la venganza es un plato que se come frio) quiero decirle que yo si disfruto del placer en todos los sentidos. Tengo mi lóbulo frontal en perfecto estado y funcionando en sentido contrario de lo que la moral y la mojigatería imponen. Vivo con plenitud la edad que tengo, porque siempre en mi cuerpo he mandado y he legislado solo yo. Y desde este cuerpo que gobierno, estoy vigilante esperando que pase el humo y la polvareda, para ver que viene después. Yo no quiero que el estado me instruya, mucho menos que el asesor jurídico de la presidencia, se atreva a decirme cuando iniciar nuestra vida sexual, o que nos prohíba el aborto, pues todavía me resulta increíble que en este debate se anteponga el poder clerical, que como todos sabemos, administra el dogma de la culpa. En un Estado laico, como el nuestro, no debe haber leyes fundadas en dogmas religiosos. Hasta el Papa Francisco ya negó la existencia de Adán y Eva.

Sin saludos cordiales,
Mariana Andrade

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