En el transcurso del mes de mayo de 1942, pocas semanas antes del comienzo de las deportaciones al campo de exterminio de Treblinka, se rodaron en el Gueto de Varsovia películas en secreto por orden de las SS (escuadrones de defensa de la Alemania nazi). Este material cinematográfico, apenas retocado, sobrevivió a los años de guerra y fue descubierto, más tarde, en el archivo cinematográfico de la RDA. El material ha servido, hasta el momento, de idea ilustrativa de la vida cotidiana en el gueto. Se trata de imágenes de reuniones del consejo judío instaurado por las SS, de las acciones del Servicio de Orden Judío, del degollamiento de un pollo de acuerdo con el rito judío de Shechita, de personas muriendo en las calles y de la inhumación en fosas comunes. La directora de cine Yael Hersonski, nieta de un superviviente del Gueto de Varsovia, presenta los 60 minutos de grabación en blanco y negro y sin sonido comentados por testigos de la época. El contraste entre las palabras de los supervivientes del gueto y el punto de vista de los autores del delito deja clara la intención propagandística de las imágenes: se muestran escenas de judíos supuestamente pertenecientes a una clase social alta en restaurantes y en habitaciones burguesas que, sin embargo, contrastan con las imágenes de la pobreza que estos sufrieron. Con estas imágenes se pretendía transmitir tanto el nivel de vida supuestamente lujoso de los judíos, como el concepto que los nazis tenían del enemigo “judío codicioso y sin escrúpulos”, inherente al antisemitismo del nacionalsocialismo.
A través de las narraciones y recuerdos de los supervivientes de la época y también gracias a la reconstrucción del testimonio de uno de los cámaras que participaron en la grabación se descifra, escena a escena, la realidad que se esconde tras las imágenes. En las notas del diario del presidente del consejo judío, Adam Czerniakow, aparecen comentarios escépticos acerca de las grabaciones. Dos meses después, tras recibir la petición de una lista con 6000 nombres para las deportaciones, el autor se suicidó. Citas de textos del archivo clandestino del gueto, “Oneg Shabbat”, cuentan de manera detallada el sufrimiento del día a día de los habitantes del gueto. Solo las declaraciones del cámara Willy Wist son neutras e imparciales en cuanto a la falsificación de imágenes rodadas por él mismo. (Tomado del catálogo del Goethe-Institut Munich, Alemania).
“Finalmente, el valor del (…) trabajo reside no tanto en lo que vemos en las imágenes como en el hecho de que nos haga recordar lo que no se ve en ellas. Nuestra atención se centra en el mismo proceso de filmación durante toda la película, (…) por lo que se acentúa la mano que hay detrás del rollo de celuloide. Cuando salimos del cine, siguen retumbando preguntas en nuestra cabeza como un eco: cuando ya no quede nadie más que pueda dar testimonio de lo que sucedió, ¿hasta qué punto podremos seguir confiando solamente en lo que ven nuestros ojos?” (New York Times) 
 
“Las imágenes se prestan todavía más que los testimonios orales o escritos a las interpretaciones y manipulaciones. Los materiales de archivo del Holocausto constituyen las primeras documentaciones cinematográficas sistemáticas de crímenes de guerra. Después de que el mundo pudiera ver con sus propios ojos algunos de estos crímenes, las imágenes ya no tienen el mismo impacto que tuvieron en su día. Algo ha cambiado: el reflejo de defensa típico del ser humano ha desaparecido y se ha retirado el tupido velo que cubría lo inconcebible y ocultaba el más absoluto horror.” (Yael Hersonski –  directora) 

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