Ahora que las películas están hechas y se están haciendo cada vez más; ahora que existen fondos, pocos pero fondos al fin, para que el cine ecuatoriano tenga su enésimo nacimiento; ahora que hay transparencia en la entrega de esos fondos; ahora que queremos pensar que hay una política cultural alejada del tráfico de influencias; ahora que las escuelas de cine sacan a sus graduados con una idea en la cabeza y una cámara en la mano; ahora es la hora en la cual una pregunta viene a la mente, luego de los últimos sucesos ocurridos en los cines del país: ¿qué hacemos con las películas? ¿Cómo las distribuimos? ¿En qué cines las exhibimos?

Los casos recientes de Impulso de Mateo Herrera y Cuba el valor de una utopía de Yanara Guayasamín, dos filmes terminados en 35 milímetros y dotados de potencial comercial, llaman la atención. Estuvieron en cartelera menos de lo que las mentes racionales esperaban. Menos de lo razonable. A Impulso, por ejemplo, un importante complejo comercial de cines la abandonó a su mala suerte al ponerla en el exclusivo horario de las 22h00, desde la segunda semana de exhibición. El documental de Yanara no podía ser visto en ninguna sala de la ciudad luego de 20 días de su estreno. Otro caso: Blak Mama no pudo exhibirse en ninguno de los dos complejos más grandes de Quito, a pesar de ser la película ganadora del premio Augusto San Miguel 2008, entregado por el Ministerio de Educación al mérito cinematográfico nacional. La razón: está finalizada en video, dijeron sus principales, y que, con esa decisión, ellos estaban estimulando la terminación de películas en 35mm. Lo mismo, se supone, ocurrirá con las decenas de películas ecuatorianas que no serán terminadas en fílmico. Hay quejas, también, de que los materiales promocionales –afiches, trailers– de sus películas no son desplegados apropiadamente en las salas.

No hay ley que obligue a los exhibidores a destinar tiempo suficiente de pantalla a las películas ecuatorianas, o de cualquier nacionalidad. ¿Crear, por ley, una cuota de pantalla? La idea se ha propuesto, pero la realidad nos dice que las cuotas de pantalla no han funcionado casi en ninguna parte en donde se han implementado. No hay razón tampoco, que posean los grandes exhibidores ecuatorianos, con la excepción de rigor, por la que puedan entender que el cine ecuatoriano es importante para los ecuatorianos, que aquel es un punto de encuentro entre nosotros, todos, y que entiendan que estas películas, por ser pequeñas, por ser hechas en una todavía precaria situación, merecen tiempo en pantalla, paciencia, y un trato discriminado que permita que la promoción “boca a boca” funcione. No se han presentado, también hay que decirlo, todavía, y con la excepción de rigor, distribuidores profesionales que puedan negociar el cine ecuatoriano de igual a igual con el gran exhibidor, ni una cultura cinematográfica en el personal del cine (directores, productores, etc.), que entienda la gran importancia de la distribución en estos días.

¿Qué hacer? ¿Por donde empezar? Hay que pensar, en principio, en que hay que dotar a los exhibidores de estímulos para exhibir películas ecuatorianas. Ya en el Segundo Congreso del Cine Ecuatoriano se ensayaron propuestas: exonerar una parte, o la totalidad del impuesto a los espectáculos públicos que los cines pagan, por toda su programación, a aquellos que sobrepasen un porcentaje de cine ecuatoriano exhibido. Esa es una buena idea. Subvencionar la exhibición del cine ecuatoriano con dinero contante para el exhibidor, otra posibilidad.

Esto deberá estar, necesariamente, en la próxima ley de cultura que se está socializando por estos días. Lo principal: crear una red de salas de cine independientes, en varias ciudades del país, grandes, medias, pequeñas, profesionalmente equipadas, sensatamente administradas por gestores y promotores cinematográficos de experiencia (los hay varios, no solo uno), que privilegien la exhibición del cine ecuatoriano, para que este llegue en las condiciones apropiadas a muchos lugares. Una red. Sí, una red de cines. Si el audiovisual es una prioridad para el Estado, si es un área estratégica del desarrollo nacional, la creación de una red en la que las pequeñas películas ecuatorianas lleguen al público que merece verlas parece misión principal.